sábado, 25 de abril de 2015

A LA SOMBRA DE LA ACACIA



   Apenas tengo tiempo para escribir unas pocas letras. Aquí, en la misma inmunda habitación de este miserable hotelucho donde antaño también se hospedó Diógenes, me hallo cerca del final. Me vigilan. Sin duda sospechan que tengo lo que andan buscando. La clave está bajo el ojo que todo lo ve.
   Dentro de poco, espero, os narraré mis avatares, amigos míos. Ya sé porque quisieron matar a Misandro… De momento, os dejo con su último soneto. ¿Será de verdad el último?

 S. D.





Gobiernan los Gigantes en las sombras,
observando en su cúspide dorada.
Para ellos es el mundo todo y nada.
¿Incrédulo ríes, Lición? ¿Te asombras?



Se vuelven las cabezas si los nombras:
la simpleza desvía la mirada
de la masa, fácilmente engañada.
Serán cuadradas almas sus alfombras.



Al compás del Gran Triángulo de fuego
se abre una puerta a tan falso lucero,
 la luz que iluminando deja ciego.



La tormenta, entre Sol y Luna, espero
del orden nuevo y su siniestro juego.
 Sólo queda aferrarnos al madero.



Será la salvación en la desgracia
de vivir a la sombra de la acacia.






Ya queda menos