miércoles, 21 de marzo de 2018

PROMETEO DESENCADENADO (QUE LE DEN MORCILLAS AL PUÑETERO SHELLEY) Y ACONSEJADO. SONETO MENGUADO CON NOTAS INFLADAS




Le dice Hércules al titán chisquero antes de liberarle:


“Cual chorizo1 colgado, mal te veo,
amarrado en castigo2 a malas mañas;
se ceba el pajarraco3 en tus entrañas
haciendo de tu traza4 picoteo.

Y mal lugar has elegido, creo:
si tu astucia se diera en las Españas,
muy lejos de jupiterinas sañas,
pronto amo serías del politiqueo.

 Pagas caro el tangar a tan mal primo5.
Por lo ladrón y ese promete tuyo,
y lo apañado que eres para el timo,

ve a Iberia6, que allí por el chanchullo
a pocos prenden7. Sin embargo, un ruego,
que hay mucho quemado8: no lleves fuego”.


­­­___
1. Lo de chorizo viene muy a cuento dadas las aficiones del mozo.
2. Recuérdese que Zeus (Júpiter), que ya estaba algo amostazado con Prometeo por habérsela dado con hueso, que no con queso, había castigado al titán por robarles el fuego a los dioses para entregárselo a los hombres. Se le encadenó en el Cáucaso y todos los días servía de canapé de foie para un águila que mandaba el barbas del rayo. Y luego de ser comido el hígado se regeneraba para volver a ser zampado al día siguiente, con lo cual sospecho que el ave debía de ser sindicalista, más que nada por eso de picotear a su gusto y por el condumio perpetuo y gratuito.  
3. Hoy en día el pájaro que nos saca las tripas es la gaviota. Pájaros siempre ha habido, pero hasta en eso hemos perdido categoría.
4. Ya sea referido a la figura del titán lumbreras o a la argucia que le ha llevado a servir de aperitivo al águila.
5. Aunque Zeus, o Júpiter, era primo de Prometeo, de primo tenía bien poco.
6. Sobradamente la conocía él, sobre todo el sur, por lo que se entiende el consejito de marras. De todos modos, es notorio el poco cariño que por Andalucía se tiene a Hércules, más que nada por eso de los “trabajos”, que por allí tal palabra da grima. No ocurre lo mismo con los “trabajitos”, pues en ellos se dan una maña y una dedicación que ríase usted del semi-dios, al cual, por esos pagos, llaman Herercules (otras fuentes hablan de Pércules). Y no me digan que los prodigios que por allí se dan no son dignos de la mitología. Se cuentan y no se creen, dicho en todos los sentidos.
7. En la doble acepción de apresar algo o de incendiarlo. En España a pocos golfos prenden, y menos aún prenden, que más de uno, y de dos, merecen chicharrón. Pero en este dichoso país los golfos parecen de amianto.
8. Está la cosa que arde, pero el fuego no llega arriba; ni siquiera el humo. La quema la sufre el país, un erial ya, y la buena gente. Aun así, se sufre en silencio la quemadura, que este fuego no hace que prenda la mecha. Al final, bueno fuera que trajera Prometeo lumbre si hubiera de emplearse en rememorar buenas costumbres de antaño.



Ojalá volvieran las águilas a picotear a los Prometeos...











sábado, 24 de febrero de 2018

PUES ESO


   Decíamos ayer...


Soneto de don Plutarco Dabarfer, sufrido docente entre indoctos e indecentes, dedicado a los más (a secas) de nuestros chisgarabises, gloriosas excepciones aparte


Érase un pánfilo a un móvil pegado,
érase un vago del jamás yo escriba,
érase un pulgar a la ofensiva,
érase un cacumen enredado*;

era un grande hastío encapuchado**,
érase un mustio abril a la deriva,
érase una minerva fugitiva,
el ánimo en pantalla sepultado.

Érase en uno solo una horda entera,
érase en sí un libertinaje preso,
un todo sentidos sin sentido era.

Era un ligero ser la mar de espeso,
a quien lo docto y culto desespera.
Era, en fin, un estudiante de la ESO.


___
* Cómo se enredan en las redes estos pececitos. Bien cogidos los tienen. Por el pulgar muere el pez, que menean tanto ante su ídolo móvil como tanto tienen petrificada la mollera, de lo más inmóvil.

** A ver si alguien me explica de una vez por qué estos pollos se pasan el día con la capucha puesta, aunque estén bajo techo, no llueva ni haga frío o no estén expuestos a un sol ardiente que les derrita sus menguados sesos.



Podría ser peor... Y lo será.










martes, 5 de septiembre de 2017

NO SE DIGA LO QUE SE PIENSA, NO SE PIENSE LO QUE SE DIGA





   …Los más de los hombres ven y oyen
 con ojos y oídos prestados, viven de 
información de ajeno gusto y juicio.
                     
                                  Baltasar Gracián
             



Cierto día estaba yo absorto en sabrosas lecturas barrocas, entre las cuales la del Criticón era la más apetecida, cuando un leve rumor llegó a mis oídos. <<Ya estamos -pensé- con apariciones, estantiguas y demás ralea sobrenatural, que no puede uno leer tan ricamente al amor del fuego y del silencio cavernoso. Pues lo que es por mí, ni el rey de Francia me levantaría de aquí>>. Y me encastillé tras mis libros, dispuesto a tirarle al que entrase a la cabeza lo primero que tuviera a mano. Como ni Quevedo, ni Vélez de Guevara, ni otros tantos que me acompañaban valían para proyectil contra las cabezas, aunque sí contra las conciencias, me tuve que conformar con un cantillo que tenía cerca, deplorando que mi biblioteca careciese de las novelillas modernas al uso, y cuyo mejor ídem pueden ustedes imaginar.
Resguardado por “pocos, pero doctos libros juntos” en la paz de mis desiertos, seguí conversando con los sublimes fiambres de otros tiempos. Al poco ya me había olvidado del ruidillo de marras y me entregaba con fruición a mis libros, sumido en ese levísimo sopor que nos invade cuando una obra nos tiene entretenidos en extremo. Me había embaulado unas buenas páginas cuando mi sosiego fue de nuevo turbado. Alguien me chistó.
-¡Váyase al demonio quien sea! Y si es el demonio, váyase al mundo, que no se merece nada mejor -dije con todo el mal humor que puede. Tan calentito como estaba en mis penumbras, a solas con una multitud de ideas maravillosas y con la caricia de la música de nuestra mejor prosa, lo demás me sobraba. Pero estaba visto que aquella tarde no había de leer más. Lo que fuera que chistaba lo hacía ya con impertinencia, y bien se me alcanzaba que por mucho que lo ignorase no me iba a dejar tranquilo. Me levanté hecho un basilisco y me dirigí hacia el lugar de donde provenía el escape con una tea en la mano y encomendándome a Torquemada. Tras un recodo de La Caverna, agazapado y algo temeroso, vi una figura bastante zarrapastrosa y contrahecha, que más que miedo daba risa, aunque pena hubiera debido darme de no haber estado yo de un humor de perros.
-No se me enfade, buen Misandro, y no tome a mal que lo moleste. Bien sé que luego me lo agradecerá.
A estas alturas, que ese extraño ser se apareciera de aquella manera y supiera mi nombre no era cosa que me asustara ni me extrañara. Ya estaba hecho a ver de todo desde que me retirara a mi gruta para no ver de nada. Con cierta curiosidad, pues los defectos no puede uno reprimirlos por más que quiera, acerqué el fuego a aquel geniecillo, el cual se había incorporado al ver que mi gesto se destorcía. No sabría decir si era un duende o un demonuelo, o un poco de los dos, el pequeño engendro que tenía ante mí, pues de lo segundo tenía lo feo y de lo primero lo pícaro de la mirada. Parecía bastante viejo.
-Si se ha cansado de mirar, señor mío, le agradecería que retirase la antorcha, que ya sólo me faltaba que me chamuscaran -dijo con socarrona resignación.
Y, a decir verdad, por el aspecto que traía daba la impresión de que le habían dado mala vida últimamente, ya que tenía lo poco que le quedaba de pelo muy revuelto (que a su lado Punset pareciera Sansón) y la ropa hecha trizas de tal modo que en algunos puntos había tan pocos que espantóme lo que se veía. Más calmado, y con la compasión en pugna con la curiosidad, retiré la tea con la que alumbraba su pintoresca estampa y le invité a acercarse al fuego. En los pocos pasos que nos separaban de mi refugio libresco vi cómo el duende cojeaba levemente, a lo que me dijo al darse cuenta de mis miradas que andaba mal de una pierna y que muchos pesares tenía de ello, por más que la mayoría de los que cojean de algo sacan de lo mismo provecho. También me dijo que acostumbraba a gastar bastón, pero que lo había empleado de compas en demasía para medir espaldas y que en las últimas donde se entregó a la geometría allí se quedó, que bastante tuvo que huir con sólo el cayado roto. Y aunque estaba sin cayado, lo de callado no se le contagió y bien que me dio la murga con la narración de sus desventuras. Viendo que aquello se prolongaba, me vi en la obligación de interrumpir a Incordio, que así dio en llamarse, aunque me refirió que muchos otros nombres usaba y otros tantos peores habían usado con él los más.
-¿Y a qué se debe el honor de su visita?
-Se lo diré en dos palabras -dijo algo amostazado por la interrupción y la zumba empleada-. No es menester que entre en detalles sobre mi naturaleza ni la de mis negocios. Hace tiempo que me llamó la atención esta caverna, sus curiosos moradores y los delirios que han ido dejando caer. En un mundo tan pagado de sí mismo, es poco común encontrar a quienes no quieren de él ni las vueltas y prefieren la oscuridad reveladora a las luces que obnubilan; a quienes huyen del sol para acogerse a las soledades. Y si no me presenté antes, cuando el ahora espectro era el único que pisaba estas penumbras, fue porque mis muchas fatigas me impidieron hacer la visita. Ahora que puedo, he venido a presentarle mis respetos y a proponerle algo. Es usted joven, si bien no un pimpollo. Y aunque se crea que ha visto mucho, es mucho más lo que le falta por ver. Por ello, y porque le estimo, le invito a que me acompañe a un lugar que estoy seguro encontrará de sumo interés.
-¿Cuál? -dije- no muy entusiasmado por dejar mi Caverna.
-Tiene tantos nombres -replicó gravemente el hombrecillo- que mejor no darle ninguno. Y alejé de si esas dudas. Sé que es usted curiosón, como todos aquellos que husmean en los entresijos del alma humana, y le voy a ofrecer mucho y bueno para rascarse la picazón.
Me molestaba un tanto que aquel ser tuviera razón. A decir verdad, por su estampa, sus modos, su forma de hablar, y, sobre todo, porque sabe más el diablo por viejo que por diablo, me decidí a acompañarlo con la esperanza de que mereciera la pena. Pero un último escrúpulo me quedaba.
-Mire, don Incordio: no es que guarde cosas de valor en mi Caverna, al menos de ese valor que hoy día la gente aprecia. Y tampoco acostumbro a tener muchas visitas, pero no quisiera alejarme demasiado, que el Diablo no para y basta que me aleje un momento para que aparezca alguien y haga de lo mío algo público, esto es, digno de ser robado.
-Pierda cuidado, amigo Misandro. Fuera nos espera alguien que se quedará a cuidar de su caverna.
Intrigado, salimos de mi antro. Allí nos esperaba otra figura que podía rivalizar con el duende en singularidad, y en cochambre. Era una mujer, la cual si antaño debía de haber sido bella, estaba ahora hecha unos zorros, aunque el singular femenino también le cuadraba, pues el duende me había susurrado que aquella pobre había andado de mano en mano más sobada y gastada que una subvención. Llevaba los restos de una túnica hecha jirones, sobre la que se derramaba la cabellera, hecha madejas, haciendo de cortina de unas carnes algo secas y magulladas. Me sorprendió que aquella pobre mujer llevara sobre los ojos lo que parecían trozos de venda.
-Amigo Incordio, mal empezamos si me pone de guardiana a quien apenas puede ver a través de ese lienzo estropajoso.
-No se apure. Aunque lleve una venda, o lo que quede después de los tirones que le han dado tantos para que viese sólo a unos pocos, lo ve todo. No pasa por sus mejores momentos. Debería haberla visto en sus buenos días, y no a las buenas noches, con aquella lozanía y belleza, aquel esplendor y las más hermosas galas que puedan adornar una figura femenina. Hoy, de tan maltratada y arrastrada, sólo es una sombra de lo que fue. Hasta la rueda que acostumbraba a llevar le han robado. Y tuvo que empeñar la cornucopia, que de tanto rodar todos los alcaldes y municipales del mundo se echaron sobre ella a la menor ocasión y la han pelado más que a la ídem, su íntima amiga.
-¡Qué cosas!
Y dejando a la Fortuna mi cueva, y mucho me temía que era la mala fortuna, nos pusimos mi nuevo amigo y yo a andar.
-Queda muy lejos el sitio al que vamos -pregunté.
-Está muy cerca, demasiado. Pero las distancias, así como el tiempo, no han de importarnos.
Y tras decir estas palabras, disparó otras con voces destempladas en extraña jerga y acompañadas de tales movimientos que casi fenezco del susto. Y no fue menos el que me di cuando por arte de birlibirloque nos elevamos del suelo y comenzamos a surcar los aires.





NEC TIMEAS NEC POTES





Descubrir entre las sombras;
ver luz en la oscuridad...
¿Acaso de esto te asombras?
Más asombra la verdad.




















jueves, 31 de agosto de 2017

SONETO A JORGITO VERBORREO, TAMBIÉN CONOCIDO COMO EL PAPANATAS PACO G.





Mala es la testa que oculta la tiara;
es báculo mendaz el que la silla
sacra del viejo pescador mancilla,
que está pasando por el aro el ara.

Tanta iniquidad nadie imaginara,
pues padre no es quien a la Madre humilla,
ni pastor el sayón que hace papilla
a su rebaño, ya en trance de piara.

No a los sátrapas, ni al becerro de oro,
es al Rey a quien has de rendir culto.
Tu máscara afable, aun haciendo el coro

los siniestros, ¡ay!, sospechoso bulto,
no me engaña, pues lo que eres no ignoro:
tras la casulla hay un mandil oculto. 



Pirámide y ruinas en Roma... No me gusta, no me gusta...











   
  

lunes, 28 de agosto de 2017

APOLO Y DAFNE



   Pelillos a la mar. Don Anselmo y yo hemos hecho las paces. Y como prueba de mi buena voluntad ahí dejo caer otro de sus sonetos mitológico-cachondos, con cierto tufillo a refrito. Esta vez las notas son mías. Se cierra la triología. Más cosas se cierran...




Iba caliente1 como nunca Apolo,
queriendo dar diana a la saeta;
el ciego dios2 en vengativa treta
le ha dorado de una ídem el gladiolo.

Corrido3, y en el trance, ante tal dolo,
a Dafne halla, y se lanza cual cometa
de ígnea cola en pos de hermosa meta,
por no tener que darse el gusto solo.

Con más plomo4 que aplomo, y es de río5,
muy seca6 echa a correr como una loca,
rezando a su papa7 en su desvarío.

Y cuando el encendido dios la toca
se le escabecha todo su extravío:
vinagre8 ninfa en un laurel se troca.

¿El primer cambiazo ese? No me fío,
que de carne en Febo algo mudó a roca.



___
1. Al estar asociada esta divinidad al sol, es lógico que estuviera siempre calentito. Lo que ocurre es que a la sazón tenía más calores que de costumbre. No son cosas de la juventud ni de estos griegos antiguos tan fogosos: los motivos se verán en la nota siguiente.
2. El ciego dios es Eros, deidad del amor y rijosidades varias. Apolo, que llevaba un arco de no te menees y flechaba divinamente, nunca mejor dicho, se había burlado de aquél por lo pequeño de su arco y sus saetillas. Quzás se burlase de otras pequeñeces. El caso es que Eros lo tomó a mal y se quiso vengar: le sacudió un flechazo de oro a Apolo, que quedo prendado de amores de la primera moza que vio, esto es, Dafne; y a ésta la asaetó con una de plomo, con lo cual no quería ver al tórrido Apolete ni en pintura, aunque fuera de Rafael. Y claro, jaleo al canto
3. Entiéndase como avergonzado. Lo otro se da por entendido. Mejor será dejarlo correr, por más que quede feo decirlo así.
4. Véase nota 2.
5. Dafne era hija del dios río Peneo.
6. Seca entendido como "desagradable, poco afable en el trato" y como....Téngase en cuanta la anterior nota para entender el soez chiste. Y me niego a dar más explicaciones. Este Anselmo es un guarrete.
7. Según parece, la nena invocó a su padre para que la salvara. Y en vez de aparecer escopeta en mano y todos a la vicaría se dio una de esas famosas metamorfosis de la Antigüedad, por la cual Dafne se convirtió en un laurel.
8. Vinagre: "persona de genio áspero y desapacible". El vinagre, como el laurel, son básicos para hacer el escabeche, que, en este caso, se refiere a que las posibilidades de mojar se le esfuman al amigo Febo. Como no mojase en el escabeche.




No es lo que parece, sino todo lo contrario. Ya le hubiera gustado al galán...








jueves, 24 de agosto de 2017

SONETO DE DON ANSELMO DEDICADO A UN SERVIDOR EN EL QUE SE ACONSEJA LA INACCIÓN Y EL "DOLCE FAR NIENTE", CUAL RESPUESTA A UNO MÍO DONDE DESPOTRICABA CONTRA LA FAUNA IBÉRICA. POR AÑADIDURA, FALTARÍA MÁS, SE DA LA DEBIDA CONTESTACIÓN



   Vivir para ver. Imagino que querrán saber por qué digo esto. Me explico: el otro día el besugo de Mochales dio con sus huesos en La Caverna, como lleva haciendo de un tiempo a esta parte con poco grata asiduidad. Traía el gesto un tanto descompuesto, fruncido el ceño y el morro torcido. Lo que se dice cara de pocos amigos, aunque no entiendo porque esa escasez ha de hacernos enojar, si lo bueno es tener por amigos los justos, o menos, y buenos. Y ya se sabe que la cantidad es enemiga de la calidad. Mas al grano.
   Pensaba yo que venía a endosarme algún bodrio de los suyos, pues a poco más viene, si no es a saquear, sobre todo a costa de mi liquidez, doblemente. Además, recuerdo haberle oído mencionar algo sobre cierto soneto que cerraba su trilogía de petardos mitológicos, versillos que ya había encasquetado en el Club de marras ya varias veces citado, y que deseaba colocar de nuevo. No iba del todo uno desencaminado, aunque la naturaleza de las rimas era de otro jaez. Al llegar frente a mí me pone delante un pliego con unos versos garrapateados con una letra horrible y sin decir esta boca es mía me apremia para que los lea. Siempre he tenido a Mochales por un excéntrico con algún cable pelado en la azotea, y las más de las veces no me ha importado, ya que lo he tomado a chufla. Así pues, le seguí el juego y leí. Y vaya con lo que leí. Según parece el último soneto que mi pobre cacumen había dejado caer por estos penumbrosos lares le había dado bastante por saco. Quién se pique, ajos coma.  El caso es que me ponía a caer de un burro, de seguro el arquetipo de ídem que yo criticaba en mis consonantes.
   Una vez terminados los catorce latigazos con consejo incluido le devolví el papelajo a su dueño como quien no quiere la cosa. Inmutable. Al cabo de unos segundos de silencio, el amigo Anselmo me espetó un "y qué", respondido con el consabido "qué de qué"... Ocioso es reproducir la conversación que siguió a tan fascinante e ingenioso intercambio de palabras. No teman, pues. Sólo diré que todo quedó en un intento de justificar Mochales su acción, la cual era, incluso, digna de agradecimiento según su opinión: que si todo lo había hecho por amistad, que si era necesario que alguien me cantara las "verdades del barquero", que si debía cambiar mi carácter y refrenar mi misantropía, que no todo era tan malo, que si alegría, jolgorio, viva la vida y patatín, patatán. Vamos, que se presentaba como un Zópiro quien tiene más de zoquete y de gaznápiro.
   Luego de tan ardiente discurso de mi salvador y faro en mis tinieblas, igual de impasible quedé. Le agradecí sus desvelos, no sin la cierta pizca de ironía que pedía el caso.Ya iba a darme la vuelta para irme a ocuparme de cosas más provechos, como, por ejemplo, sacarme la cera de las orejas, cuando un carraspeo tan impostado como estruendoso me hizo saber que la conversación no había terminado. Un "¿algo más?", mirada fulminadora incluida, dio pie a una pausa dramática en la que Anselmo me quería insinuar con un gesto indefinible, entre imperioso y suplicante, pícaro y bobo, que debía adivinar sus intenciones. Eran cristalinas. Quieren creer que el muy majadero tenía todavía la pretensión de que le publicara en La Caverna la diatriba... y que, ya es el colmo, encima le escribiera yo las notas. Al final, tanta desfachatez me hizo hasta gracia, y todo mi enfado se disolvió como un azucarillo en el agua ante la situación, en la que no era lo menos cómico la esperpéntica estampa del vejete. Y ya no pude contener la risa cuando volvió el poeta satírico y cachondo, como él se define, a la carga y se puso a discurseaar: y qué de razones, qué manera de pontificar, qué aspavientos, cuánta retórica de oropel... Y venga "perico al torno" con lo de que es por mi bien, que debía abrir los ojos y dejar las oscuridades, que si era mi deber publicarlo por mor de la tolerancia y la libertad, que si hay que estar a las duras y las maduras, admitir las críticas y saber reírse de uno mismo... Viendo que la cosa se alargaba, y por no oírle más, le pedí que no se preocupara, que ya le publicaría el soneto para que no dijeran que no sé encajar las críticas. A decir verdad, el soneto, como todos los de Anselmo, no es que sea una maravilla, con tener su sal y, por qué no decirlo, su punto de razón, aunque en la esencia está errado, a mi modo de ver: las vendas y los bálsamos, y el tomarlo todo a chirigota, además de ser síntomas de almas de pocos alcances, puede ser muy peligroso a la larga. No obstante, aquí lo dejo caer, pues en el fondo me cae bien este vate tronado y tronera, con sus cosas, y me cuesta negarle lo que tanta ilusión le hace. Por otra parte, espero que quien lea sus rimas se ría un poco y se huelgue de las ingeniosidades, si las hubiere, de Mochales, aunque sea a costa mía. Pero lo de escribirle las notas, nada de nada. Las ha hecho él solito, y se ha lucido la criatura.
   Por otra parte, es mi deber confesar que otra de las razones para publicar el soneto Anselmiano radica en el hecho de que mientras leía sus fustigadoras rimas una chispilla de ironía y mala leche se encendía en mí, y que comencé a notar los pellizcos de la Musa juguetona y picaruela. Y con lo escaso de inspiración que estoy de un tiempo a esta parte no podía dejar pasar esta llamada. Así, le puse a Mochales como condición sine qua non el que si su soneto veía la luz en mi antro la replica iría acto seguido. A fin de cuentas, esta es mi casa y yo decido qué se publica, y eso de estar a las duras y a las maduras reza para todos: si yo como "criticón" debo tragar cuando se me critica es de justicia que Anselmo reciba la consabida respuesta por su vapuleo a mi humilde persona. No me dio la impresión de que la idea le entusiasmara, precisamente, pero no le quedaba otra que tragar. Dio su placet y yo me puse manos a la obra.
   Sin más dilación, que hay que ver lo que me alargo para introducir dos naderías (cualquiera pensaría que es algo importante), les largo el duelo singular que hemos tenido don Anselmo Mochales y un servidor, Diógenes de la Cueva. Mas no crean que ha sido al alba, que eso de madrugar... Que ustedes lo disfruten. Y tomen el partido que quieran, por supuesto, pero no sobra recordar que las llaves de la bodega las tengo yo. Hasta otra.     



¿Qué rezongas, sujeto amostazado?
¿Qué despotricas en tu soledad?
¿Tan mal te huele acaso nuestras edad
para que siempre estés tan atufado1?

Tanto vino te tiene avinagrado,
y el mal vino2 me da que es vanidad,
pues muchos humos gastas; en verdad
ha de ser por estar tan requemado.

A qué si el mundo es malo y trapalón.
¿Vas a arregarlo, Momo3 cavernoso,
echando fuego y dando quemazón4?

Hacer algo es hacer ya mucho el oso.
Que les den: aprende, pues, mi lección
y date en tu retiro a lo gozoso.



___
1. Ya sea envenenado por el tufo o enojado, enfadado. Es un juego de palabras.
2. Tener mal vino es tener mal carácter, que, todo sea dicho, la bodega de Diógenes no es moco de pavo.
3. Este dios ocioso solo servía para reprender todo lo que los demás hacían, sin perdonar falta alguna por pequeña que fuese.
4. Se entiende en este caso por quemazón el disgusto que toma quien recibe palabras fuera de su gusto. Ociosas más explicaciones. Es otro juego de palabras.



*          *          *


 Respuesta de Diógenes

Amenista1 sin misa2, de lo ameno
siervo; pájaro3 sin decir ni pío;
chocarerro bufón del desvarío
que arrastras por el lodo el zafio seno,

¿te apenas porque justamente peno?;
¿te ríes si de todo no me río?
Y pues no callo y además porfío
me lanzas tan campante tu veneno.

Panarra4 me quieres, bobo Mochales,
y que me dé sin lucha al alborozo.
Para otro tragaderas abismales

y ponerse la venda ante el destrozo.
Habiendo tantos malos como males
darles cera será mi mayor gozo.



___
1. Que a todo le dice amén.
2. A pesar de tanto amén, es sabido que don Anselmo no es hombre de ir mucho a la iglesia y sí a otros lugares que no es menester nombrar. Aunque no se prive del vino, lo de comulgar no es lo suyo. Y qué bien le vendrían unas buenas hostias.
3. Hay que decir que menudo pájaro está hecho. Ni dice pío cuando debe ni lo es el angelito.
4. Simple, mentecato, dejado y flojo.




En los buenos tiempos así se resolvían las disputas. Si llego a pillar a Mochales en aquel entonces...